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"Elegir una pelea conmigo es la cosa más tonta que has hecho hoy, y eso es decir mucho." - JayceSquare Jayce

Jayce es un brillante inventor que comprometió su vida a la defensa de Piltóver y a su firme búsqueda del progreso. Con su Transform Mercury Hammer martillo hextech transformable en mano, Jayce utiliza su fuerza, valor y considerable inteligencia para proteger su ciudad natal. Aunque lo veneran como a un héroe, no se ha tomado bien toda la atención que conlleva el heroísmo. Aun así, el corazón de Jayce es bondadoso e incluso quienes envidian sus habilidades innatas agradecen la protección que le otorga a la Ciudad del Progreso.

Defensor del Mañana

Jayce, nativo de Piltóver, creció con los principios que hacen grande a una ciudad: Innovación. Descubrimiento. Jamás ir a Zaun si es posible. Jayce, gracias a su talento natural con la maquinaria, se ganó el honor de ser el aprendiz más joven al que haya patrocinado el clan Giopara, uno de los clanes gobernantes de Piltóver más respetados. Para nada sorprendido con este suceso, Jayce aceptó la oferta y pasó la mayoría de sus años construyendo dispositivos hextech potenciales y diseñando multiherramientas transformables para la clase trabajadora de Piltóver: una llave que se transforma en barra de trabajo, un pico que se transforma en pala y un Transform Mercury Hammer martillo que se transforma en un Transform Mercury Cannon rayo de demolición... si pudiera conseguir una Hextech Capacitor batería con poder suficiente. Todo lo que Jayce tocaba lo ponía un paso adelante de sus colegas.

Todo era fácil para él y nunca pudo comprender por qué era tan difícil para sus compañeros comprender lo que, para él, eran conceptos simples. Como resultado, todo aquel que trabajaba con Jayce lo consideraba arrogante, despectivo e indispuesto a cooperar con sus colegas para que lo alcanzaran. Con el tiempo, su paciencia comenzó a agotarse, y al mismo tiempo, se abrió una brecha entre el decoro, el encanto y la actitud de Jayce.

Solo una persona lograba igualar la inteligencia de Jayce, además de mantener una sana indiferencia ante su actitud superior.

Se llamaba ViktorSquare Viktor.

Los dos se conocieron en la fiesta obligatoria del Día del Progreso y rápidamente se hicieron amigos tras descubrir que ninguno quería estar ahí. Poco después, comenzaron a trabajar juntos. Viktor expandió el horizonte intelectual de Jayce y desafió muchas de sus suposiciones. Aunque Jayce buscaba mejorar a la humanidad con tecnología versátil, Viktor quería resolver los problemas intrínsecos de ella, como el envejecimiento o los prejuicios ilógicos. Discutían constantemente, pero sus conflictos nunca fueron personales. Aunque sus métodos eran distintos, los dos colegas sabían que sus metas, al final, eran las mismas. Además, ambos sabían lo que se sentía ser rechazado por los demás. Viktor, debido a su forma de pensar poco convencional, y Jayce por su comportamiento.

Juntos, Viktor y Jayce inventaron un traje de construcción mecánico para los trabajadores del puerto de Piltóver: con la robustez suficiente para aumentar la fuerza del usuario y la ligereza necesaria para que no se ahogue de inmediato en caso de caer. Sin embargo, llegaron a un desacuerdo cuando el diseño de Viktor del siguiente modelo del traje incluyó un implante tecnoquímico que aumentaría la fuerza del usuario hasta diez veces más, y reduciría el cansancio y las probabilidades de entrar en pánico y desobedecer a sus superiores. Aunque Viktor consideraba estas características como una forma brillante de reducir la frecuencia de accidentes de construcción, Jayce decía que esto era un atentado contra el libre albedrío. Los dos casi llegan a los golpes por el diseño, y al final, Jayce advirtió a la academia sobre el invento. Esta le retiró los honores a Viktor y lo vetaron de la comunidad científica de Piltóver.

Viktor era lo más cercano que Jayce había tenido a un amigo y, perturbado por la separación, volvió a trabajar por su cuenta. Se volvió más aislado. Su paciencia con los demás disminuyó aún más.

Mientras Jayce estudiaba a solas, los exploradores del clan Giopara descubrieron un Crystal Spires cristal azul en el desierto de Shurima. Aunque Jayce se ofreció de voluntario para experimentar con él (en concreto, sugirió que los eruditos del clan no tenían la inteligencia suficiente para obtener resultados), su falta de tacto al hacerlo provocó que el clan Giopara se lo otorgara sus eruditos con mejores modales como castigo. Sin embargo, muchos meses después, los eruditos llegaron a una conclusión unánime: el cristal era inútil. Una roca sin energía. Los decepcionados líderes del clan, al final, le dieron el cristal a Jayce, ya que daban por sentado que ni siquiera él, con su enorme intelecto, podría aprender algo de él.

Algo dentro del cristal llamaba a Jayce. No, más que eso... Le SkarnerSquare cantaba. No sabía explicar por qué, pero sabía que la gema shurimana guardaba más secretos sin descubrir.

Pasó muchos meses experimentando con en el cristal. La ató a un engrane de centrifugación y la sometió a temperaturas extremas. Siguió experimentando y realizando hipótesis, hasta estrellar su cabeza contra el pantógrafo de cobre. Simplemente, Jayce no estaba acostumbrado a trabajar duro: este maldito cristal era la primera cosa que se resistía a su considerable aptitud mental. Por primera experimentó lo que sentían sus demás compañeros. La sensación de intentar algo una y otra vez hasta chocar con sus propios límites. Era frustrante. Era injusto.

Y, probablemente, sería mucho peor si tuvieras que trabajar junto a un arrogante inventor que descalificaba todo tu esfuerzo.

Jayce se dio cuenta de que, por más despectivo que era con sus compañeros, ninguno se daba por vencido. Ninguno se detenía en su búsqueda de lo que definía a Piltóver: el progreso. El descubrimiento. Jayce decidió que, si no ellos no se habían rendido, tampoco lo haría él.

Y, tal vez, intentaría ser más amable.

Tal vez.

Jayce abordó el problema desde una perspectiva completamente diferente. En vez de intentar experimentar sobre el cristal entero, se preguntó si sería posible realizar experimentos más fuertes en un fragmento más pequeño. Jayce cinceló una pequeña pieza del cristal y la suspendió en una aleación líquida. Envió una corriente voltaica por el metal líquido. Los tímpanos de Jayce casi se hacen trizas por el barítono explosivo que emanó del fragmento. Un calor irradiaba del cristal y, con un destello, brilló lo suficiente como para casi dejarlo ciego. Esto era inesperado. Esto era potencialmente peligroso. Pero era un progreso. Jayce no pudo borrar su sonrisa del rostro y trabajó toda la noche, hasta el amanecer.

Al día siguiente, Jayce se sorprendió al ver a su viejo amigo Viktor en la puerta. Al tanto del pico masivo de energía del fragmento de cristal, Viktor le hizo una propuesta sencilla.

Tras su expulsión de la comunidad científica de Zaun, Viktor comenzó a trabajar en un proyecto secreto en Zaun. Finalmente había descubierto cómo cumplir su sueño: cómo erradicar la enfermedad, la hambruna y el odio. Si Jayce se unía a él, juntos podrían lograr más de lo que cualquier persona de Piltóver o Zaun podría imaginar: salvarían a la humanidad de sí misma.

Jayce ya había escuchado a Viktor pronunciar un monólogo parecido. Nunca le había agradado a dónde conducían.

Viktor le dijo a Jayce que solo necesitaba una sola cosa para su Glorious Evolution magnífica evolución: una fuente de poder como el cristal de Jayce. Jayce no accedió a su propuesta y le dijo a Viktor que lo que en realidad necesitaba era revisar su moral. Viktor, cansado de la actitud de Jayce, lo atacó y tomó el cristal, y lo usó para dejar a Jayce inconsciente. Cuando Jayce despertó, horas después, vio que, aunque el cristal shurimano ya no estaba, Viktor había ignorado por completo el fragmento más pequeño.

Jayce sabía que, lo que fuera que Viktor tramara, solo recurriría a medidas extremas si estaba cerca de lograrlo. Aunque no sabía en qué consistía el plan de la magnífica evolución de Viktor, de seguro no respetaría mucho la libertad de otros. Sin perder un segundo más, Jayce recuperó el fragmento suspendido y lo instaló en un martillo gigante que se transformaba. Un invento para demoliciones que había abandonado hace muchos años ya que no tenía la energía necesaria para usarlo.

Aunque no tenía idea de adónde podría haber llevado el cristal Viktor, podía sentir la vibración del martillo hextech. No lo llevaba hacia el norte, el sur, el este o el oeste, sino hacia abajo, hacia la ciudad subterránea de Zaun.

El fragmento, ansioso por reunirse con el cristal del que provenía, finalmente llevó a Jayce a un almacén en las profundidades del Sumidero. En la construcción cavernosa, Jayce encontró algo terrible. Decenas de cadáveres, con los cráneos abiertos y vacíos. Sus cerebros trasplantados en un ejército de soldados de metal atados al cristal pulsante.

Este era el primer paso de la magnífica evolución de Viktor.

Las pisadas de Jayce se volvieron menos firmes conforme se acercaba a Viktor. No siempre había concordado con Viktor, pero esto era algo completamente distinto. Por primera vez, Jayce pensó que tal vez tendría que matar a su viejo amigo.

Llamó a Viktor, pero se estremeció al ver que el ejército de robots se activaba. Jayce le pidió que mirara a su alrededor, que viera lo que había creado. Lo que sea que fuera esto... esta evolución... no era el progreso que habían buscado cuando eran jóvenes. Incluso, para sorpresa de Viktor, se disculpó por haber sido un patán.

Viktor suspiró. Solo respondió una palabra:

—Mátenlo.

Los autómatas se liberaron de los cables que los conectaban al cristal y corrieron hacia Jayce. Por primera vez en su vida, Jayce sintió pánico. Tomó el martillo con firmeza y se dio cuenta de que nunca lo había utilizado. Cuando el primer gólem se acercó, lo golpeó tan fuerte como pudo y sintió cómo la energía del cristal viajaba por sus músculos, lo que aceleró el movimiento del martillo a tal grado que Jayce se preguntó si le arrancaría las manos.

Toda la fuerza del martillo Thundering Blow cayó sobre el autómata y provocó una explosión de metal. A pesar de que su compañero había sido aniquilado, las otras máquinas no se detuvieron en su carrera hacia Jayce e intentaron aplastarlo hasta dejarlo inconsciente.

Jayce analizó la formación de la oleada mecánica que se dirigía hacia él e intentó analizar rápidamente cómo destruir a la mayoría con la menor cantidad de golpes de martillo. Fue en vano. Estuvieron sobre él antes de que pudiera siquiera atacar una vez. Cayó al piso bajo una lluvia de golpes de acero y Jayce vio que Viktor lo observaba, no alegre por el triunfo, sino con tristeza. Había superado a Jayce y asegurado el futuro de la humanidad, pero sabía que ese futuro tenía un precio: no podía dejar vivir a su viejo amigo. Jayce se desvaneció bajo el mar de metal.

Entonces, Jayce, por primera vez en su vida, decidió dejar de analizar para recurrir a solo golpear cosas.

Sin preocuparse por su propia seguridad, Jayce usó lo último que le quedaba de fuerza para liberarse de los autómatas de Viktor. Corrió hacia el cristal pulsante y lo golpeó con toda la To the Skies! fuerza de su martillo hextech amplificado para romperlo.

Viktor vio horrorizado cómo el cristal se hacía trizas. La onda de choque los hizo volar por los aires y derribó a los autómatas, que cayeron al suelo inmóviles. Los mismos cimientos del almacén cayeron y Jayce apenas logró escapar antes de que se derrumbara todo el edificio.

Nunca encontraron el cadáver de Viktor.

Al regresar, Jayce informó a los maestros de su clan sobre los terribles planes de Viktor. Poco después, Jayce se volvió el tema de conversación en todo Piltóver y Zaun. Alabado por su rápida manera de actuar en un momento de crisis, Jayce se volvió un ídolo amado (al menos entre los que no lo conocían) y recibió el apodo de ‘‘el Defensor del Mañana’’.

A Jayce no le importaba mucho recibir la adoración de sus compatriotas piltovianos, pero aceptó con orgullo el apodo. Sabía que Viktor seguía ahí afuera, tramando su venganza. Un día, quizás no muy lejano, un gran problema recaería sobre Piltóver.

Y Jayce lo estaría esperando.

Referencias