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"Tendrían que darme las gracias. Si los mato ahora, les ahorro una eternidad de sufrimiento." - LucianSquare Lucian

Lucian, que anteriormente era un Guardián de la Luz, es un sombrío cazador de espíritus vivientes. Los persigue de manera implacable y los aniquila con sus pistolas reliquia gemelas. Consumido por el deseo de vengar a su esposa muerta, no descansará hasta que ThreshSquare Thresh, el espíritu que tiene presa su alma, sea destruido. Despiadado y firme, Lucian no permite que nada se interponga en el camino de su venganza. Cualquiera que sea lo suficientemente tonto para intentarlo queda arrasado por una inmensa ráfaga de disparos mágicos.

Purificador

Lucian usa Lightslinger armas antiguas imbuidas en el poder del pasado, y se mantiene firme como guardián contra los no muertos. Su sangre fría nunca flaquea, incluso ante el rostro de los exasperantes horrores que destruye con su The Culling llama de fuego purificador. Lucian vaga solo en una cruzada nefasta: purgar los espíritus de aquellos que quedaron atrapados en la no muerte, su ser querido entre ellos.

Al igual que las armas antiguas que lleva, Lucian y su esposa Senna fueron esculpidos de la misma piedra. Juntos combatieron el mal en Runaterra durante años, llevando la luz a la oscuridad y acabando con aquellos asediados por la corrupción. Eran los estandartes de la justicia: la dedicación de Senna a la causa nunca titubeó, mientras que la amabilidad y el confort de Lucian animaba las vidas de aquellos que habían salvado. Dos partes para un todo, devotos e inseparables.

Aunque Lucian y Senna habrían presenciado cosas que destrozarían a la mayoría de los guerreros, nada que habían visto se podía comparar a los horrores provocados por las Islas de la Sombra. Cuando los habitantes espectrales de aquel lugar maldito comenzaron a manifestarse por toda Runaterra, Lucian y Senna les daban caza dondequiera que apareciesen. Era una tarea lúgubre, pero la intrépida pareja prevaleció hasta el trágico encuentro con Thresh, el Damnation recolector de almas. Lucian y Senna se habían enfrentado a no muertos horripilantes antes, pero nunca a uno tan suntuosamente cruel e inteligente. A medida que se desarrollaba la batalla, Thresh urdió una estratagema inesperada. Para el pesar de Lucian, la criatura engañó a Senna capturó su alma, atrapándola en una Dark Passage prisión espectral. Nada podía traerla de vuelta. Senna se había ido y, por primera vez, Lucian se enfrentó a su misión solo.

Aunque el Carcelero le había arrebatado a Lucian la mitad de su corazón, también había creado al enemigo más peligroso para las Islas de la Sombra. Lucian se convirtió en un nombre movido por una resolución oscura, que no se detendría ante nada para purgar a los no muertos de la faz de Runaterra. Honrando la memoria de Senna, se hizo con su arma y juró cumplir la misión que ambos desempeñaban hasta el final. Al portar ahora las dos armas antiguas, Lucian lucha para acabar con los no muertos y purgar las almas de las Islas de la Sombra. Sabe que el alma de Senna está perdida, pero nunca pierde la esperanza en que algún día conseguirá que ésta esté en paz.

Historia

Cazador de Sombras

Atacaron a Lucian entre las sombras, embistiéndolo con garras incorpóreas y espadas antiguas y oxidadas. Se movían velozmente... pero él era más rápido.

Se desplazaba con agilidad, girando, siempre en movimiento; las pistolas reliquia en sus manos iluminaban el deteriorado interior de la posada con su centelleante luz arcana.

El largo abrigo de cuero de Lucian, así como sus rastas, se sacudían a la par de sus movimientos, evitando sin esfuerzos los frenéticos ataques que se dirigían hacia él desde todas direcciones. Cada tiro que disparaba quemaba con la intensidad del sol, disipando a uno de los chirriantes espíritus y enviándolo de vuelta, tambaleándose, hacia la oscuridad amorfa.

No obtenía ninguna satisfacción de su deber. Ya no más. Toda la luz de su mundo se apagó cuando ella fue raptada.

Un par de garras oscuras arañó uno de los antebrazos de Lucian, haciéndolo sisear de dolor. Tras maldecirse por su distracción momentánea, destruyó al espíritu agresor con un tiro de luz hacia su cabeza y recuperó la concentración en la tarea actual. Manteniéndose firme en el centro de la posada, acribilló a la marea de formas espectrales que se abalanzaban hacia él, iluminando la oscuridad con cada tiro.

Por fin quedó solo, sus brazos extendidos, las armas apuntando en direcciones opuestas, sus puntas de piedra aún resplandeciendo. Miró hacia la izquierda y hacia la derecha, esperando otro ataque. El fuego en la chimenea de la posada parecía brillar con mayor intensidad, desvaneciendo las sombras más profundas, y los helados escalofríos se retiraron.

Súbitamente agotado, Lucian enderezó un banco caído y se sentó emitiendo un quejido. Colocó sus pistolas sobre la mesa y concentró su atención en su herida.

Con dolor, retiró el largo guante negro de su mano izquierda. El cuero del guante no tenía marca alguna, pero la carne de su antebrazo había ennegrecido en donde las garras fantasmales lo rasgaron; era casi como una quemadura de hielo.

Tras percibir de reojo un destello de movimiento, Lucian se puso de pie al instante, ambas pistolas apuntadas hacia... una chica de cabello oscuro, apenas entrando a la adolescencia, que había emergido de su escondite en un depósito trasero.

Quedó paralizada, mirándolo fijamente, sus ojos muy abiertos, sin parpadear.

—Por favor— susurró. —No lo hagas—

—No deberías tomar a la gente por sorpresa— dijo Lucian, bajando sus armas.

Se iba a dar la vuelta cuando detectó una sombra de movimiento reflejada en los ojos de la niña. Giró, blandiendo sus armas, pero esta vez no fue lo suficientemente rápido.

Un espectro arremetió desde la borrosa penumbra: una criatura demacrada y deteriorada, envuelta en un sudario. Una pálida luz verde y azul emergía de las cuencas de sus ojos y su boca abierta, y lo azotó con garras del tamaño de dagas.

Lucian salió volando hacia atrás por la fuerza del golpe. Aterrizó sobre la barra, a unos cuatro metros de distancia. Se estrelló contra la pared, destrozando decenas de botellas de licor vacías alineadas en los estantes, y cayó al piso en medio de una lluvia de vidrios rotos. Su pecho ardía donde el espectro lo había golpeado y un helado escalofrío se aferraba a su corazón, dificultando su respiración con cada bocanada.

Buscó frenéticamente sus armas. Avistó una, tirada sobre el piso desigual a unos diez pasos a su izquierda. Demasiado lejos. La otra había girado a través de las tarimas, antes de terminar en los pies de la niña.

Ella levantó la antigua arma y la apuntó hacia el espectro, aferrándose a ella con manos temblorosas mientras la cosa se abalanzaba hacia ella con su boca abierta hasta un límite inaudito.

—¡No dispara!— gimió, retrocediendo. —¡No tiene gatillo!—

El eco de un recuerdo se hizo presente en la mente de Lucian, tan repentino como una puñalada.

—¿Pero cómo la disparo?— dijo Lucian, mirando el arma finamente elaborada, con una expresión de desconcierto en su rostro. —No tiene gatillo—

—No necesita un gatillo, mi amor— dijo Senna, sus ojos brillando, entretenida. Tocó suavemente un costado de su cabeza. —Aquí está el gatillo—

—No entiendo— dijo Lucian.

Senna apuntó su propia arma, una versión más elegante que la que él sostenía, a un objetivo a seis metros de distancia. Su expresión se endureció y sus ojos se entrecerraron. —Tienes que desear que dispare— dijo, y el objetivo explotó en un estallido ardiente de flamas amarillas.

—De acuerdo. Desear que dispare— dijo Lucian, elevando su pistola hacia el siguiente objetivo. Nada sucedió. Agitó la pistola y resopló, en parte por la frustración, pero también por el desconcierto.

—Requiere control— dijo Senna. —Concentración. Necesitas desear que dispare con cada fibra de tu ser—

Lucian se rio y volteó a ver a Senna, con una ceja levantada. —¿Cada fibra de mi ser?—

—¡Inténtalo!— respondió.

Hizo el intento, pero no podía ocultar la sonrisa que se escapaba por las comisuras de su boca. —Me rindo— suspiró. Se acercó a Senna y la abrazó. —¿Cómo esperas que me concentre en otra cosa si estás cerca?—

Senna lo apartó, riéndose. —No te escaparás de esto tan fácilmente— dijo. —De nuevo. E inténtalo de verdad esta vez—

La niña estaba acorralada contra una pared ahora, la esbelta pistola reliquia, la de Senna, era peso muerto entre sus manos.

—¡Lánzamela!— gritó Lucian, corriendo a toda velocidad.

La niña aulló mientras el espíritu volaba hacia ella, y arrojó el arma hacia Lucian. Dio vueltas por el aire, atravesando al espectro. Hábilmente, Lucian la atrapó a la mitad de su carrera mientras se arrodillaba y deslizaba a través de las tarimas para alcanzar su otra arma. Se reincorporó con sus dos pistolas listas y abrió fuego.

El espectro gritó y trató desesperadamente de escapar, enroscándose y girando por el aire lejos de él, pero Lucian era implacable. Corrió hacia los lados, manteniendo su ametrallador torrente de fuego. La ráfaga de luz desgarró la abominable aparición, su grito se tornó lastimero al tiempo que se disipaba su forma oscura, como bruma bajo el sol naciente.

Lucian se detuvo, aunque conservó las pistolas levantadas. Todo estaba en silencio de nuevo.

—¿Ya... se fue?— preguntó la niña.

No respondió de inmediato, sus ojos entrecerrados revisaban el salón. Por fin, enfundó las dos armas. —Se fue. Estás a salvo—

—Yo... no pude hacer que disparara— dijo la niña, mirando la oscuridad. —Pensé que iba a morir. Como los demás—

Lucian recordó su propia dificultad con el arma, un sentimiento tan distante ahora.

Requiere control. Concentración.

—Ahora claramente tengo concentración, mi amor— Lucian susurró para sí.

—¿Dijiste algo?— preguntó la niña.

—No— respondió Lucian. Giró la cabeza. El sonido de cadenas tintineantes provenía de algún sitio cercano. —¿Escuchas eso?—

La niña negó con la cabeza. —No escucho nada—

Lucian frunció el ceño y entrecerró los ojos. —Aún me está provocando...—

Se dio la vuelta para salir de la posada, condenado a seguir ese sonido distante y tormentoso.

—Atranca la puerta— ordenó. —Y reza por el amanecer—

Referencias

[[en:Lucian/Background]