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Zac/Historia

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Campeón Historia Estrategia Aspectos y Curiosidades


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Zac es el producto de un experimento de Zaun que consistía en fabricar un supersoldado con ingeniería hexquímica. El Combatiente Amorfo de Zaun. Combina la fuerza bruta con una flexibilidad sin límites, es una bestia de derribo muy versátil: un luchador creativo que va rebotando por los obstáculos y fuerza a sus enemigos a la obediencia. Aunque lo crearon en el interior de un laboratorio de armas, Zac fue rescatado y adoptado por dos padres cariñosos que lo educaron para que se convirtiera en un niño simpático y amable. Según fueron pasando los años, creció hasta convertirse en un héroe fiero que ha jurado proteger a la gente corriente de Zaun.

Hace mucho tiempo, los científicos de Zaun desarrollaron una sustancia orgánica que podía soportar condiciones extremas, alterar espontáneamente su estructura biológica y generar enormes cantidades de energía cinética. Los científicos, marido y mujer, vieron crecer el prototipo que pasó de ser una gotita del tamaño de una cuchara a convertirse en una pequeña masa y entonces, notaron que su creación respondía a su presencia. Saltaba hacia delante cuando lo llamaban y rebotaba cuando cantaban. La pareja comenzó a ver en ello algo más que un experimento, veían un niño pequeño, lleno de amor y alegría.

Una noche, tras probar el prototipo, los científicos colocaron la masa de nuevo en su jaula. Se encorvó y se estremeció en un rincón, desconsoladamente triste. En ese momento, la pareja se dio cuenta de que su amada creación ansiaba una vida libre fuera del laboratorio. Quedaron atónitos por el descubrimiento de su conciencia, no podían permitir que el prototipo se usara como un arma. El matrimonio huyó con la joven masa, y reemplazaron su denominación como arma, Combatiente Amorfo de Zaun, con un nombre propio: Zac. En un barrio lejos de las ciudades de Zaun, los científicos educaron a Zac como si fuera su propio hijo.

Zac nunca fue igual a los otros niños. Ninguno era tan fuerte y flexible como él, así que la pareja le enseñó la diferencia entre el bien y el mal y a usar sus dones con responsabilidad. Gracias al cariño y cuidado de sus queridos padres, Zac vivió una infancia feliz y en paz.

Esa infancia terminó cuando los del laboratorio de Zaun encontraron a Zac. Al no ser capaces de replicar la fórmula para crear el prototipo amorfo, los del laboratorio nunca dejaron de buscar a los científicos y su experimento. Cuando encontraron a la familia amenazaron con separarlos. Los trabajadores raptaron a los padres de Zac y exigieron a la pareja que ayudaran a capturarlo y que volvieran. Superado por el temor a perder su libertad y a sus padres, Zac liberó cada gramo de su energía y masa por primera vez. Domeñó a los raptores de sus padres, logró que huyeran los trabajadores del laboratorio y trajo de vuelta a casa a sus seres queridos. Desde entonces, Zac juró defender las vidas de la gente corriente, amenazada por traiciones y crueldades extraordinarias. Fue creado para destruir, pero ahora protege a los inocentes e indefensos.

"Aunque carezcas de columna vertebral, tienes que sostenerte por ti mismo."
Zac

Nueva historia

Zac es el resultado de un vertido tóxico que recorría una veta tecnoquímica y fue a parar a una profunda caverna apartada en el sumidero de Zaun. A pesar de sus humildes orígenes, Zac ha pasado de ser un flujo primitivo a un ser pensante que habita en las cañerías de la ciudad y que, de vez en cuando, abandona su morada para ayudar a los más desvalidos o reconstruir las infraestructuras destruidas de Zaun.

Zac fue encontrado por primera vez por un grupo de niños zaunitas que lanzaban piedras sobre un charco del sumidero. Los niños se dieron cuenta de que algo les estaba devolviendo las piedras que lanzaban. El "charco que responde" se hizo popular entre los habitantes del sumidero de Zaun, tanto que acabó atrayendo la atención de un sospechoso grupo de alquimistas tecnoquímicos. A pesar de las protestas de los residentes de la zona, los alquimistas recogieron los contenidos del charco en cubas y llevaron la sustancia a sus laboratorios para experimentar.

Tras llevar a cabo varios experimentos diseñados para probar las técnicas de refuerzo negativo y positivo, los alquimistas descubrieron que la masa coagulada en el charco parecía tener tendencias psicotrópicas. Lo que se traduce en que imitaba cualquier estímulo que recibiese. Si se le trataba bien, respondía con la alegría y la gracia propia de los niños, pero cuando pusieron a prueba su respuesta al dolor y la agresividad, los alquimistas perdieron a muchos matones de cloaca aumentados como consecuencia de la destrucción que provocaba.

La mayoría de los alquimistas atribuyeron esto a un simple acto reflejo, pero dos de ellos no estaban muy convencidos de esa hipótesis. Cuestionaban la moralidad de los experimentos, ya que parecían completamente diseñados para producir una criatura con una agresividad inigualable. Cuando la pareja indagó más a fondo, descubrieron que el proyecto estaba siendo financiado por Saito Takeda, un barón de la química con un temperamento considerablemente violento y conocido por iniciar sangrientas disputas entre bandas. Sus intenciones estaban claras: Takeda buscaba desarrollar a un luchador que pudiera ignorar las heridas mortales, colarse en lugares en los que los humanos no podrían y obedecer cualquier orden. También descubrieron que el verdadero nombre del proyecto era Zaunita Amorfo Combatiente.

Mientras barajaban el mejor modo de proceder, los dos alquimistas disconformes observaron que la sustancia viscosa respondía con más que un acto reflejo a los estímulos. Vieron que manifestaba comportamientos sin ningún estímulo obvio... comportamientos propios de un ser inteligente. Empezaron a llamar a la criatura Zac y llegaron a la conclusión de que mostraba el comportamiento de una entidad con pensamientos y sentimientos. Informaron de sus hallazgos al líder de extremidades fijas de su equipo de investigación, pero este ignoró sus preocupaciones.

Como no querían dejar pasar el asunto, iniciaron sus propios esfuerzos encubiertos para contrarrestar las enseñanzas violentas del resto del equipo. Querían enseñarle a Zac qué es lo correcto a partir de lo malo que le habían enseñado, así que lo exponían a actos de altruismo y generosidad. Sus esfuerzos dieron su fruto, ya que Zac mostró tristeza cuando una de las investigadoras se hirió la mano, y reaccionó de forma negativa cuando otro asesinó una rata en el laboratorio. Al final, no pudieron tolerar por más tiempo los crueles experimentos a los que sus compañeros alquimistas estaban sometiendo a Zac.

Una noche, durante la conmemoración del Día del Progreso de Zaun, cuando el laboratorio estaba vacío, vertieron a Zac en una fosa séptica con ruedas y lo llevaron a una zona alejada en Zaun. Cuando sus actos fueron descubiertos, los soldados de infantería del barón Takeda comenzaron a buscarlos. Pero Zaun es muy grande, y los investigadores fueron capaces de esconderse de aquellos que los perseguían. Habían pensado devolverle la libertad a Zac, pero este no quería ser liberado, ya que ahora consideraba a los dos investigadores su familia. Solo ellos le habían enseñado lo que era la amabilidad, y quería seguir aprendiendo de ellos. En realidad, a los alquimistas les agradó la reacción de Zac, ya que le habían tomado tanto cariño que lo consideraban su hijo adoptivo.

Para que los hombres de Takeda no los encontrasen, cambiaron sus nombres e identidades y se fueron a vivir a una zona remota del sumidero, lejos de las miradas entrometidas. Zac aprendió a imitar sus voces y se adaptó enseguida a cambiar las formas de su masa gelatinosa para emitir sonidos. Vivió junto a sus padres adoptivos durante muchos años, escondiéndose, cuando era necesario, en charcos del sumidero o en las grietas de las rocas del acantilado. Los padres de Zac le enseñaron lo hermoso y maravilloso que podía ser el mundo en que vivían. Le mostraron cómo la luna se alzaba sobre las Puertas del Sol, cómo la luz arcoíris atravesaba los cristales tintados de los tejados de las galerías comerciales de Zaun, y le enseñaron la desbordante y dinámica belleza del corazón de su ciudad. También le explicaron que el mundo podía ser cruel y duro, y Zac aprendió que, a veces, la gente era mala y desagradable, y estaba llena de odio y prejuicios. Zac rechazaba esos comportamientos y ayudó a sus padres como pudo, ya que se valían de sus habilidades para ayudar a la gente de su alrededor tratando de no llamar la atención innecesariamente.

Hicieron lo que pudieron para curar a los enfermos, arreglar la maquinaria rota o usar sus conocimientos sobre química para hacer el bien. Fueron años dorados para Zac, que deambulaba por Zaun a través de sus casi infinitas redes de cañerías y por las múltiples grietas de sus cimientos. A pesar de que Zac era un ser inteligente, si recibía muchos estímulos del entorno, sus sentidos podían sobrecargarse, lo que provocaba que absorbiese temporalmente las emociones dominantes a su alrededor, para bien o para mal. A menudo, no podía evitar intervenir para defender a los oprimidos y esclavizados de los brutos matones, lo que provocó que se divulgasen rumores por todo Zaun sobre su presencia. La mayoría de las leyendas que se contaban retrataban a Zac ayudando a otros, pero otras le atribuían actos destructivos, como una fábrica arrasada o una grieta que se había abierto en un vecindario del sumidero.

Esos rumores acabaron llegando a los oídos de Saito Takeda, y este mandó una banda de matones aumentados a encontrar lo que él consideraba su propiedad. Sus alquimistas habían intentado, sin éxito, replicar el proceso que había creado a Zac a partir de las gotitas que habían quedado en su cuba. Takeda quería a la criatura de vuelta, así que los enormes matones aumentados rodearon la casa de los padres de Zac y la atacaron. Ellos contraatacaron, ya que eran investigadores tecnoquímicos y contaban con medios esotéricos para defenderse. No obstante, su resistencia tenía un límite, así que acabaron siendo asesinados, a pesar de las órdenes de Takeda de que los trajeran con vida.

Zac había estado explorando sumideros subterráneos en las profundidades de Zaun, pero sintió que sus padres estaban en peligro y corrió por las cañerías de la ciudad para rescatarlos. Llegó demasiado tarde para salvarlos y la furia que lo invadió al ver sus cuerpos no era comparable a nada que los hombres del barón hubieran visto jamás. Zac atacó ferozmente, estirándose, aplastando y rompiendo todo en su camino. En su dolor y furia, demolió docenas de viviendas cercanas y puso fin a la batalla asesinado a todos los matones aumentados.

Cuando las emociones intensificadas por el altercado se disiparon de la conciencia de Zac, el arrepentimiento por las casas que había destruido le sobrevino y juró continuar con las buenas acciones que habían llevado a cabo sus padres. Ayudó a reconstruir lo que había destruido, pero cuando acabaron las obras, desapareció en la enorme red de cañerías de Zaun.

Ahora Zac vive solo, morando en los túneles y las cavernas que recorren Zaun, y empapándose de las emociones de los habitantes de la ciudad. A veces, esto lo enriquece, pero, otras veces, lo entristece, ya que absorbe lo bueno y lo malo de la ciudad. Se ha convertido en una especie de leyenda urbana entre la gente de Zaun, una criatura misteriosa que emerge de vez en cuando de las grietas de las rocas o de una sección dañada de las cañerías. La mayoría de las veces lo hace para ayudar a los necesitados, pero en los momentos difíciles, cuando los ánimos de la ciudad se vuelven lúgubres, su aparición puede provocar disturbios.
"Cuanto más enfadado estés, más te va a doler..."
Zac

Protección

Narrado por Zac Zac

La hora dorada entre la quinta y la sexta campanada. Ese es mi momento favorito del día. Es la hora a la que la mayoría de la gente de Factorywood sale de trabajar. Les duele todo el cuerpo, pero su jornada laboral ha acabado. El trabajo queda atrás y en casa les espera una comida caliente. La gente aquí es amable y siempre me siento bien estrujando mi cuerpo gelatinoso por las grietas del acantilado que forman las rocas que rodean Factorywood. Percibo el amor de un hombre que va a casa para encontrarse con su hijo recién nacido. Adoro la ilusión de una pareja casada que está deseando llegar para celebrar una cena romántica en los Mercados de la linde.

Sus pensamientos me inundan. Es agradable, como un baño caliente, aunque yo me encojo mucho en el calor. Siempre hay personas entre la multitud que no están contentas. A fin de cuentas, la vida en Zaun puede ser dura. Algunos están curando sus corazones rotos, y otros no pueden soportar pensar en su próximo turno y no sienten más que resentimiento. Absorbo lo bueno y lo malo, porque así es como me crearon. Los sentimientos negativos a veces me enfadan, pero no puedo hacer nada por evitarlo. Mis padres me enseñaron que está bien sentirse mal de vez en cuando. Sin lo malo, no se puede saborear bien lo bueno.

Sigo a la multitud hasta que la gente se dispersa. Algunos sentimientos negativos me cruzan la mente, así que decido hacer algo bueno para que desaparezcan. Me filtro por una red de conductos de ventilación rotos que llevo tiempo queriendo arreglar pero que no he tenido ocasión de hacerlo. Recojo los fragmentos de metal con mi amorfo cuerpo al pasar y los expulso fuera de él en las zonas rotas. Después caliento mis capas exteriores para soldarlo. Ahora que he arreglado los desperfectos, el aire limpio de la estación de bombeo que se sitúa en la superficie de Piltover vuelve a fluir. Con suerte, esto quiere decir que habrá bastantes menos casos de enfermedades pulmonares en las calles de abajo.

El final del conducto me lleva a los niveles más altos del nivel de sumidero. Las cosas no son tan bonitas aquí. Mucha gente no tiene apenas nada, y hay quienes me quieren quitar hasta lo que no tengo. Los charcos del sumidero, llenos de toxinas y vertidos de las forjas químicas me recuerdan el tiempo que pasé solo como espécimen de laboratorio. Intento no pensar en esa época, porque me enfurece. Y a veces, cuando me enfado, rompo cosas, aunque no quiera hacerlo. No me gusta sentirme así, así que me acomodo en mi hendidura favorita de la roca, la que se encuentra entre las retorcidas piedras de los Comercios del Tragaluz. Este lugar siempre es agradable. La gente pasea mirando las galerías, quedan con amigos, cenan, o van a ver a una de las compañías de teatro que actúan por toda la ciudad subterránea con sus obras satíricas. La atmósfera es cálida y amistosa, es el lugar perfecto para disfrutar de todo lo que Zaun puede ofrecer.

Pero cuando paso por las calles periféricas, me atraviesa un sentimiento de angustia. Un estremecimiento de miedo y dolor altera mi cuerpo líquido. No me gusta. Lo siento fuera de lugar, como algo que esperaría encontrar en las profundidades del sumidero. Ese es el lugar donde ocurren cosas malas con más frecuencia que buenas. ¡Esto no debería ocurrir aquí! Me enfado cada vez más a medida que los sentimientos negativos me inundan. Los persigo, tratando de evitar que se expandan.

Empujo mi cuerpo por las cañerías corroídas que pasan por debajo de la tienda de un herrero. Mis bultos rellenan los espacios bajo los combados tablones del suelo. La luz brilla en rayos inclinados a través de los listones de la rejilla del suelo. Arriba se oyen voces enfadadas. Gritos y el llanto de un hombre. Empujo mi cuerpo contra la rejilla. Mi masa gelatinosa se divide y se vuelve a reunir en el otro lado. Empujo fuerte y rápidamente, para establecer mi forma dentro de la tienda.

El dueño está de rodillas junto a una mujer que sangra por una profunda herida en el abdomen. El hombre apunta con un brazo hacia los cuatro hombres que están de pie en las ruinas de su tienda. Conozco a ese tipo de hombres. Los veo constantemente en el sumidero. Son matones que fuerzan a inocentes a pagar o ver destrozada su fuente de ingresos.

El interior de la tienda está iluminado por faroles químicos, uno de ellos sostenido por un hombre con delantal de carnicero y un gancho para carne toscamente incrustado en el muñón de su otra mano. Los otros tres son unos matones cualesquiera, masas de músculos simplonas con abrigos de tela y gruesas lentes de aumento. Sus ojos se abren estupefactos al verme aparecer ante ellos. Inflo mi cuerpo y mis extremidades verdes se llenan de poder mientras formo una boca donde creo que debería tenerla.

Quiero hacerles daño a esos hombres. Sé que son sus emociones las que he estado sintiendo, pero no me importa. Quiero hacerles tanto daño como el que hacen a estas personas.

"La cosa se va a poner fea."
―Zac

Mi brazo derecho sale disparado y aplasta al primer matón, que cae al suelo. Se golpea contra el soporte de metal que hay junto a la puerta y no se vuelve a levantar. Un segundo matón empuña un pesado barrote de hierro. Se trata de una llave inglesa gigante propia de los matones del sumidero. Me golpea en el centro y la absorbo rápidamente con mi maleable cuerpo. Me agacho, lo recojo del suelo y lo empujo hacia arriba, golpeando las vigas de celosía del techo. Se cae de nuevo hacia atrás y sus extremidades se retuercen de formas que incluso yo sé que no son normales. El tercer matón se da la vuelta y sale corriendo, pero yo me levanto y estiro mis brazos hacia las vigas. Doy un salto hacia delante y mis pues caen sobre su espalda. Lo aplasto contra el suelo, al mismo tiempo que su líder me clava la hoja de su gancho de carnicero en el centro de mi espalda.

¡Duele! Vaya si duele. El dolor provoca que mi cuerpo pierda cohesión. Caigo al suelo como una lluvia de gotas verdes. Por un momento, pierdo todo sentido de orientación espacial; veo y siento el mundo desde mil perspectivas diferentes. El matón está de pie frente a mí, con una sonrisa desdentada recorriendo su estúpida cara. Está contento por haberme matado, se siente lleno de orgullo por haber destruido a un ser viviente.

Su placer por la destrucción me recorre como un elixir de odio. No quiero sentirme así, no es lo que me enseñaron, pero para ayudar a esta gente necesito usar la ira que me inunda. Debo usarla contra estos hombres. Mis glóbulos dispersos vuelven a tomar forma en el mismo tiempo que le lleva darse cuenta de que no me ha matado, como él creía. Resurjo del suelo y me abalanzo sobre él, alterando mi densidad hasta el punto de que alcanzo la fuerza de una enorme demoledora. Chocamos contra el muro del establecimiento, y su carne y sus huesos se desintegran contra mi cuerpo por la fuerza del impacto.

Me despego de la ensangrentada pared y siento cómo la rabia se desvanece lentamente. Le doy forma humana a mi cuerpo, ya que noto los sentimientos encontrados que emanan de la pareja que se encuentra detrás de mí. El hombre me mira con una mezcla de miedo e inquietud. Su mujer me sonríe, aunque puedo sentir su increíble dolor. Me arrodillo junto a ella, y agarra mi mano. Es suave. Me siento tranquilizado por su agradecimiento.

Afirmo con la cabeza y coloco mi mano en su estómago. Emito calor y dejo que una parte de mi forma se separe de mi cuerpo y se deslice en su herida. Voy a perder una parte de mi en el proceso, una parte que no volverá a crecer, pero lo hago porque quiero, porque sé que vivirá gracias a mí. La porción de mi cuerpo que queda dentro de ella cura su piel dañada, recupera los tejidos rotos y estimula el crecimiento regenerativo del revestimiento de su estómago. Su marido recorre la herida con su mano y muestra sorpresa al ver que su piel está sana.

"Gracias."
―Mujer

Yo no respondo. No puedo. He gastado mucho poder y eso me vacía y me debilita. Permito que mi cuerpo pierda cohesión y fluya por la rejilla de nuevo hacia las cañerías. Es todo lo que puedo hacer por mantener mi forma mientras me deslizo por las grietas de la roca, de camino a los lugares que sé que estarán llenos de buenas emociones. Necesito renovarme. Necesito sentir todo lo bueno que Zaun puede ofrecer.

Necesito sentirme vivo.

Necesito sentir.

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